PRINCIPE MENDIGO


Llegué a las doce a tu palacio
de paredes de esmeralda y techo de cristal
estabas tan hermosa, sentada en tu carroza
que supe que soñaba, que tu no eras real
y aún sabiendo que todo era un sueño
que tu eras una reina, que yo no era tu dueño
te tomé de las manos para no despertar.

Yo era en ese sueño
un príncipe mendigo
famoso por ser pobre
y por saber amar
llegado de muy lejos
con pectoral de cobre
cansado de luchar

Juntos recorrimos pasillos del palacio,
el huerto de la magia, la sala de los sabios
y finalmente el cuarto de la reina
donde tu cuerpo de diosa solía descansar,
en ellos me brindaste del vino de tus labios,
estrellas de tus ojos, caricias de tus manos;
pasiones de tu cuerpo, la magia de tu amor.

Y luego de ese amarte
yo tuve que dejarte
pues por ti debía
mil reinos conquistar
y partí entonces
allende las fronteras
repleto de quimeras
y aquí dentro del pecho
la absoluta certeza
de un día regresar.

Ahora he regresado feliz hasta tus brazos
y ya siento tu alegría y ya escucho tus pasos;
soy el príncipe mendigo cubierto de victorias
que le ofrece a su reina todas esas glorias
mientras todo el pueblo aplaude el colosal valor.
Luché contra dragones, luché contra gigantes
Y vuelvo ahora triunfante a los brazos de mi amor.

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