LOCO


Pasó por la calle, ausente y perdido
los ojos sin rumbo, sucio, maloliente,
el cabello largo; los zapatos rotos;
contando pedazos de vidas pasadas,
mientras lo acribillan con malas miradas
la gente que pasa y no dice nada.

La verguenza ajena de toda la gente
que busca su culpa en la culpa de otros
se concentra ahora en ese demente
que ríe las bromas que le hace el destino,
en cada mañana, en cada camino.

El loco del pueblo, cargador de latas
que bebe quimeras en latas vacías
mientras que comparte alimento y días
con algunos perros y con muchas ratas.

Y cuando los niños que siempre lo siguen
le gritan y lanzan alguna pedrada
sin que el loco ausente les haya hecho nada,
el vuelve los ojos turbios y cansados
adopta la pose de un gorila bravo
y al ver que se alejan de él asustados
se golpea el pecho cual tarzán de cine
y sorprende a todos con su carcajada.

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